ESA EXTRAÑA



escritos,

ECONOMÍA



reflexiones,

DE



ensayos...

LAS



en otras palabras,

IGUANAS



un blog:


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Si alguna vez te preguntas, ¿por qué iguanas? Piensa que la cita original de Jean Cocteau nombraba a las tortugas, "esa extraña economía de las tortugas". Pero bien podría sustituirse por ballenas, puntillas o bolsillos... "esa extraña economía de las palabras", por ejemplo.
Nicolás Saura

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HERBORIZAR LAS OBSESIONES



11 / agosto / 2020



1.

Anoche soñé gigantescos campos de hielo digital. 11.325 tipos de color blanco puro. Un sueño helado que contrastaba con el calor de agosto. Fue intenso. Desperté con un zumbido agudo y constante en los oídos.

Luego de levantarme y sacudir un poco la increíble nitidez de mi sueño —pues la definición de las imágenes sobrepasaba ampliamente la de mis sentidos*—, volví a dormirme hasta la mañana siguiente. Este último periodo de descanso me dejó unos sueños frágiles, fácilmente olvidables. Sin embargo, estos últimos sueños abrieron el espacio necesario para afianzar mi sueño blanco, el cual permaneció congelado en mi memoria durante todo el día siguiente. Pero, a medida que pasaban las horas del día, iba notando cómo la nitidez y los detalles del horizonte variaban ligeramente. Vi cómo el hielo casi infinito se derretía lentamente al comienzo de la tarde; y ahora que escribo estas palabras, ya entrada la noche y sin casi luz para entender el paisaje, reconozco puntualmente los cambios que he ido agregando a mi sueño. Al hielo, firme y eterno, lo convertí en una extraña forma sin peso; y a las nubes, esas enormes rocas de sal, las dejé suspendidas y olvidadas en su lenta inmovilidad.

¿Qué pasará mañana al despertar? Espero descubrir, con la ansiedad, la suerte y la desgracia que esto implica, tener los mejores recuerdos hechos de nieve.

* esto se debe a una razón muy concreta, y es que en mis sueños no solo aparecen imágenes que veo, sino imágenes que imagino.








MUSEOS



24 / abril / 2020



Contrario al sentimiento generalizado que procura la derrota y control del virus, hay quienes promueven su libre protección. Algún aeronáutico habrá que comparte en silencio el deseo prohibido de la preservación, pero, en general, todos estamos demasiado ocupados como para pensar en semejantes estupideces. Pero las ideas permanecen en el aire y de alguna manera inexplicable se promueven solas. Después de todo, se trata de algo que ha logrado paralizar el mundo humano, y esto nos produce una extraña fascinación.

La ciencia, cuya misión y compromiso, así como sus rigurosos procedimientos, su minuciosa documentación y análisis de datos, nos aseguran la futura contención del virus. Sin embargo, la ciencia no ha sido la única en ocuparse del tema, ya son innumerables campos, profesiones y oficios que se esfuerzan por hacer algo al respecto. Destaca, por ejemplo, el particular interés que tienen algunos de los museos de arte más importantes y arriesgados del mundo, quienes ya comienzan a manifestar su deseo por adquirir para sus colecciones la valiosa muestra del Covid-19 —original, pura, sin mutaciones—. Nunca será lo mismo ver un virus en un laboratorio o incluso en un museo de medicina, a verlo en vivo y expuesto en el contexto de arte. No lo apreciaríamos ni lo entenderíamos de la misma manera.

Imaginemos ahora una sala expositiva dedicada al virus. Merecido lo tiene, sin duda. Pero no una sala informativa y reflexiva con todo tipo de documentos y archivos importantes, y que además incluya una cuidada curaduría de artistas que hayan trabajado el tema de la pandemia. No. Será una sala donde se puede apreciar al virus en sí, en toda su dimensión, sin representaciones ni traducciones ni interpretaciones, para así admirar su inquietante y transparente presencia*. Será, eso sí, la sala menos visitada durante mucho tiempo, por miedo, por rechazo... incluso apartada de la colección expuesta al público. Pero, ya se sabe, pasado un tiempo prudente, la humanidad irá apreciando su pasado —así como lo ha hecho siempre con las tragedias más atroces y las guerras— y el interés por el virus irá creciendo cada vez más. De hecho, pronto, muchos museos del mundo dejarán de preservar inútiles pinturas románticas e innumerables objetos informes y coloridos, para abrir espacio al vacío. Así, los museos pasarán a ser extensos lugares aparentemente inhabitados donde las personas podrán apreciar con sus propios ojos, y no a través de las historias poco creíbles del pasado, las pequeñísimas esferas cristalinas que lograron inundar los océanos de guantes de plástico y detener por completo el comercio ilegal de las tortugas.



ilustración de Quino alterada

* Los virus que miden menos que las longitudes de ondas visibles de la luz carecen de color.
El Coronavirus mide alrededor de 120 nanómetros, unos 0,00012 milímetros.





LOS CUENTOS DE HADAS



3 / abril / 2020



Ray Bradbury aconseja date prisa, no te muevas. Es la lección de la lagartija para todos los escritores. Aunque esto ya se cumplía en circunstancias normales, hoy cobra un nuevo significado. Está prohibido salir a la calle y casi que es mejor no moverse, es más, ni siquiera hay que hablar... suficiente tenemos con dudar cómo respirar.

Pensé, algunos días antes de comenzar esta cuarentena, que el encierro me ayudaría a escribir cosas importantes. Reflexiones profundas y agudas, como si el encierro nos diera la clave del ingenio… Supongo que muchos pensamos mejor las cosas en circunstancias negativas, ya se sabe, los mejores textos suelen escribirse bajo los efectos de la depresión. Sin embargo, como nunca he sido una persona muy callejera, este encierro me ha llevado a un lugar muy cómodo. Por muy raro que parezca, me siento bien encerrado. Es como si mi cabeza dijera por fin estoy en mi propia isla, sin que nadie me moleste.

No voy a negar que me hacen falta ciertas cosas. Extraño poner música en mi teléfono y caminar largas distancias por la ciudad, respirar profundo en algún parque olor a pino fresco... detalles simples, desagradablemente sentimentales. Así mismo mentiría si dijera que no estoy preocupado. Pienso mucho en mi familia y en las personas que quiero. Pero, a pesar de todo, no me siento particularmente abrumado o encerrado. Todo lo contrario, comienzo a sentir cierta libertad.

Lo sé, perfectamente se me podría acusar de vivir fuera de la realidad, como ya ha pasado durante estos días. Pobre de mí que no veo lo que está allá afuera. Pobre de mí que vivo en un mundo de pura fantasía inventada. Y sí, es cierto, pero casi todo el mundo real parece ignorar que los cuentos de hadas superan la realidad, no porque nos digan que los dragones existen, sino porque nos cuentan que pueden ser derrotados.*

Ahora bien, yo que vivo en mi propio mundo imaginario, no sé qué parte del mundo real representa a los dragones, si el renombrado virus —claro enemigo de las personas—, o la humanidad —clara enemiga de sí misma y de las lagartijas—.


* algo así decía G. K. Chesterton, paráfrasis de Neil Gaiman.